jueves, 31 de diciembre de 2015

Mis historias destacadas de 2015



Ya he comentado antes, creo que en este mismo espacio, mi poco interés por los recuentos de fin de año, sobre todo aquellos que gustan de listar lo mejor de alguna disciplina o medio. La verdad es que no me gustan las listas. Me suenan a contenido predigerido y perfectamente optimizado tanto para los buscadores web como para el lector virtual promedio, que colapsa si le ponen demasiado texto sin más organización que una redacción mínimamente competente y grandes bloques de párrafos. Otra cosa que no me agrada es la habitual reiteración de valoraciones sobre obras que, probablemente, sean ya muy conocidas por parte público objetivo, homogeneizando visiones. En otras palabras, me parece que las listas de lo mejor de determinado año no suelen ayudar realmente al lector a conocer nuevos trabajos o la impresión personal del autor del sitio que publica la suya.

Paradójicamente, hace unas semanas tres sitios distintos me ofrecieron participar para entregar algunas palabras sobre mi GOTY 2015 (Game of the Year) o juego destacado, a fin de confeccionar sendas listas a partir de la aportación de diversos colaboradores. Y lo cierto es que, a pesar de tener que esforzarme para escribir tres textos distintos sobre el mismo videojuego, lo pasé bastante bien. Leyendo además los textos de mis pares, logré sentirme a gusto al toparme al fin con lo que esperaba: títulos de los que no sabía nada y muestras de prosa que conseguían transmitirme las sensaciones de los jugadores que los habían elegido. Esto coincidió con mis hallazgos de los listados de libros de algunos autores/lectores españoles que sigo, que me parecieron bastante interesantes en sus enfoques, y aun cálidos en la forma en la que conectaban estas lecturas con sus experiencias personales. 

Puesto que este año en particular me resultó muy feliz en cuando a descubrimientos, me pregunté por qué no animarme a realizar una lista con algunas de las historias que más llegué a disfrutar, inspirada en el ánimo humilde y apasionado de estas personas que se motivaron a hacer lo propio. Y ya que me encuentro en una fase más bien flexible respecto al blog (y, quizá, a mi vida), me vino la idea de incluir tanto obras literarias convencionales como novelas gráficas, películas de animación y videojuegos. Y sí: no necesariamente de Fantasía, aunque naturalmente ésta sigue llevando la nota predominante.

Mi motivación principal para hacer este listado no es más que una justificación para dedicarle unas líneas a estas historias, a modo de agradecimiento por lo que han significado para mí en este año. No creo que vaya a escribir por extenso sobre cada una en este blog, al menos no a mediano plazo, así que esta será mi única oportunidad para compartir algunas de mis impresiones sobre ellas con los esporádicos lectores de Tierra de Fay, pero ante todo para recordarme a mí misma lo mucho que me gustaron y lo necesario que me resultará volver a ellas eventualmente.
Así que allá voy.

Ficción


Reyes de aire y agua

Jesús Fernández Lozano


Esta obra fue una suerte de revelación para mí: no estamos solos. Hay gente hispana que entiende lo que es la Fantasía, y la escribe desde ese rincón que es en realidad un mundo entero, perdido, capaz de restablecerse con un puñado de palabras bella y sinceramente dispuestas.

Reyes de aire y agua es una compilación de cuentos que no tiene nada que ver con los rótulos de literatura de género. No es ese típico y horroroso combinado de fantasíaterrorcienciaficción tan de moda en varias antologías, pero tampoco esa cancina agrupación de “literatura fantástica”, en la que lo mismo encontraríamos energúmenos chtullescos como seudo hadas o dragones o Dios sabe qué elemento superficial más. Reyes de aire y agua es una compilación de cuentos de hadas, pero no en la línea de las reescrituras promedio de Perrault, sino en la de la fantasía feérica.

¿Se dan cuenta de todas las estéticas de las que he tenido que apartar esta obra para caracterizarla? Pues eso evidencia cuán escasas son las historias que amo en los escritores contemporáneos que escriben en español. Descubrir los cuentos de Jesús Fernández, gracias al regalo de Gabriella Campbell, fue casi un milagro. Los he gozado como esa niña que descubrió la tristeza, pero a la vez como la adulta que redescubrió la esperanza. Hay una dicha y una melancolía muy grande en estas narraciones, conseguida a través de una prosa poética tan elegante como desbordaba en esa belleza que ya rara vez se ve en la Fantasía. 

Y no solo eso: es una prosa escrita originalmente en español. Ninguna traducción a nuestro idioma podría alcanzar ese matiz. Español ibérico además; no veremos una cadencia y una estructura gramatical semejante en nuestro continente, porque nosotros no hablamos ni escribimos así. Eso no está ni bien ni mal (es), pero encontrarme con esta prosa me causó un curioso efecto de nostalgia por una antigüedad que es también parte de nuestra identidad: la herencia española. Para alguien que siempre ha sentido que ese efecto solo era posible desde el inglés británico, esta maravilla lingüística también integra la felicidad de mi hallazgo. Mi lengua materna puede lograr esto. Y yo al fin puedo leerlo sin perderme ningún matiz de significado.

Descubrir esta obra también me ha permitido conocer a una persona más con la que puedo hablar de cosas importantes sobre las historias y la Fantasía. Porque la ficción que escribimos es también un puente, a su modo. Una botella arrojada al mar de la vida.


Mara y Dann

Doris Lessing


Doris Lessing es una Premio Nobel. Como tal, uno se esperaría cierto perfil estético en sus obras, pero ¡oh, sorpresa! En su serie de Mara y Dann, compuesta por dos libros, aborda la ciencia ficción ucrónica y el relato tradicional inspirado en la búsqueda arquetípica de dos hermanos para llegar a la Tierra Prometida. En este caso, la historia se ambienta en una era pos apocalíptica en el continente de África, sometido por la sequía y el hambruna. Dos hermanos, una niña y un niño, comienzan a vivir tempranamente todo tipo de peripecias tras ser raptados, siendo su mayor preocupación sobrevivir y mantenerse unidos.

Con el tiempo, la única opción se revela bajo la forma de un viaje: deben subir al norte del continente, donde la era glacial se ha desatado. Desde entonces, el lector es testigo de las mil y un penurias de la joven Mara con tal de proteger a su hermano menor (cada año más irresponsable y vulgar) y llegar con él a este esperado remanso de paz.

Mara y Dann es un libro maravillosamente entretenido, pero denso y angustiante. Me recuerda a aquellos animé viejos que presentaban las desgracias de sus protagonistas infantiles y que nos estremecían tanto que a veces preferíamos apagar la televisión. Pero esto está lejos del melodrama, gracias a la sólida y elegante prosa de Lessing, exquisitamente descriptiva sin sacrificar el ritmo necesario en semejante peregrinaje. Gracias a su talento, es posible percibir gradualmente cómo los protagonistas van avanzando poco a poco por esta nueva África, pues el paisaje va cambiando sutilmente junto con su paso. 

En ese sentido, creo que es una de las mejores narraciones ficcionales de viajes que he leído, porque logra transmitir muy bien las dificultades de un desplazamiento constante en condiciones muy adversas. ¡Incluso se incluye un mapa! Uno que quizá, por su simpleza, despertaría la burla de los escritores de fantasía épica, preocupados por diseñar elaborados trazados con muchos elementos. Pero lo cierto es que su aparición es casi anecdótica: Lessing escribe tan bien que no lo necesitas para percibir este progreso en el viaje. Su consulta, en mi caso, fue sólo para constatar lo mucho que llevaba acompañando a sus protagonistas.

Llegué a encariñarme mucho con Mara y su tesón para seguir adelante. Hacía muchísimo tiempo que no leía una historia de aventuras tan deliciosa como ésta, despertándome esa añoranza por retomarlas en mis propios proyectos. Quizá qué nos habría entregado Lessing de haber escrito Fantasía... Ya no lo sabremos, pero créanme que en Mara y Dann hallarán bastante de muchas cosas que disfrutamos en esta estética.


No ficción


¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?

Jeanette Winterson


A pesar de lo reciente de su lectura, me atrevería ya a denominar este libro como uno de mis favoritos. A Winterson la conocí por una obra de ficción, La niña del faro, que me fascinó por la forma en la que abordada algunos de mis temas preferidos con una prosa deliciosa. Tras averiguar más de la autora, logré dar por casualidad con sus memorias, y las compré a ciegas. Me esperaba una biografía más o menos al uso, con algunas anécdotas memorables o comentarios sobre la inspiración para algunos de sus trabajos más emblemáticos, pero me encontré con algo muy distinto: un texto urgente y bellísimo, un intento por narrarse a sí misma casi como el acto de detenerse a anudarse los cordones de los zapatos antes de seguir adelante. 

Winterson vive por y para las historias, porque éstas le salvaron la vida. Sí: nada de regodeos o cobardías tipo “el arte no salva a nadie”. Winterson es demasiado intensa para ese tipo de intelectualismos, a pesar de ser una escritora bastante bien considerada por la crítica y la academia, catalogada incluso como autora posmodernista. Pero ni ella ni sus historias están desintegradas. Sus estructuras son fragmentarias, incluso la de esta biografía, pero porque no puede ser de otra forma. Cada fragmento, en su vocación de unidad, parece estar concebido como parte de un rompecabezas de sentido mayor. 

Como sorpresa, puedo decir que esta obra presenta bastante más aspectos propios de la Fantasía que muchas obras de género. Hay alusiones directas, por supuesto (punto aparte su magnífico análisis de lo pequeño y lo grande en los cuentos de hadas, así como su noción del portal), pero es el espíritu que yace a lo largo de todo el texto lo realmente relevante. 

Y es que Winterson no es una cínica ni una nihilista: ella cree en el poder catártico de la palabra. La forma en la que narra su propia vida da fe de ello: la niña insurrecta e incapaz de ser dominada por su autoritaria y religiosa madre adoptiva; la chiquilla que encuentra en los libros una saliente desde la que asirse; la muchacha que descubre su atracción romántica y sexual por otras mujeres; la joven que consigue ingresar a Oxford y la fama por su primera novela, autobiográfica en el despertar de su sexualidad; y la adulta que, muchos años después, se encuentra con la necesidad de dar con su verdadero origen.

Esto es una biografía, sí, pero Winterson la dispone de modo que la convierte en una historia sobre la búsqueda de su identidad y de su relación con su madre. Siendo éste un tipo de historia fatal en mí, debo decir que rara vez he leído alguien que la escriba de una forma tan bella, intensa y emocionante como esta autora. Asimismo, una vez que emprende el viaje para dar con su madre biológica, logra otro tipo de sensaciones, pero igualmente bellas.

Me considero afortunada tras haber acompañado a la autora en esta búsqueda, desde las palabras con las que la escribió. Y muy afortunada también por el hecho de que haya decidido compartir este fragmento de su vida con los lectores. Creo que ahora entiendo mejor algunas cosas de mi propia vida, quizá porque Winterson me ha ayudado a recordarlas o a verlas desde otra mirada.


Cine


Song of the Sea

Cartoon Saloon


Esta historia (2014) se parece brutalmente a la de mi novela La niña que salió en busca del mar (2013). Por lo mismo podría sonar pretenciosa mi confesión de lo mucho que me ha gustado, pero hago el alcance que ese deleite estriba en su superior narrativa respecto a temas que me hieren y desde los que siempre escribo: la búsqueda de la maravilla en un mundo que la ha olvidado, la madre ausente, la memoria del océano.

Song of the Sea es hermosa en diversos niveles. Mucho de su imaginario se basa en el folclor irlandés, pero pronto logra desmarcarse de estas filiaciones culturales para alcanzar una patria distinta: Faërie. La naturaleza dual de la pequeña Saoirse es una suerte de paralelo con el mundo de la historia, una época contemporánea en la que sin embargo la Fantasía aún late, entre sus recovecos. El viaje de la niña y su hermano Ben es, así, un viaje no sólo para aceptar la existencia de Faërie, sino también, como no podía ser de otra forma, uno para alcanzar la eucatástrofe.

Una última nota personal: vi esta película en una sesión especial. Hacia el final, en el canto del clímax, los subtítulos expusieron más o menos el siguiente mensaje: “ni lo cotidiano puede vencer la memoria de lo Antiguo”. Esas palabras me reventaron. Para mí, esas pocas palabras son esta historia: su mensaje, su sentido, su importancia. La Nota de Faërie. Pero al llegar a casa y buscar la letra de la canción, no pude dar con ellas. Incluso consulté algunas grabaciones piratas, pero tampoco las encontré. 

Por supuesto, el sentido común me dice que probablemente se haya tratado de un error de traducción que no pide pillar en los otros sets de subtítulos, pero qué cosa más aburrida traer el sentido común a experiencias como éstas. Prefiero pensar que ese mensaje sólo existió en ese momento, para nosotros (mi acompañante y yo). Aún hoy vuelvo sobre las palabras y las siento como un pequeño regalo personal, cuya relevancia aún no termino de desentrañar.


When Marnie Was There

Studio Ghibli


Comenzaré así: la novela homónima en la que está basada esta película de Ghibli es una de las mejores novelas juveniles que he leído en la vida. Según la crítica, esta adaptación no sólo estaba bastante lejos de conseguir esa belleza, sino también del nivel esperado de este estudio, pero en realidad no me importó mucho y llegué a disfrutarla bastante, a su modo.

No está exenta de problemas narrativos, y algunos de los cambios de imaginario y ambientación para orientalizarla se han de sentir forzados incluso en el caso de los espectadores que no hayan leído el libro, pero algo tiene esta película que me ha conmovido. El problema es que no estoy muy segura de qué es. 

Ahora, mientras lo pienso detenidamente para escribir esto, creo que es la forma en la que se ha representado la amistad entre Ana y Marnie, las protagonistas. Hay una conexión muy, muy física, con abrazos, caricias e intimidades, que en su momento hizo pensar a la gente que se trataría de una embrionaria atracción lésbica. Quienes leímos el libro podemos afirmar que no es eso. Pero aunque esta inclusión resulte extraña, a mí me ha parecido tiernísima. Siento que exhibe un tipo de vínculo femenino que yo nunca llegué a vivir, pero que aún está presente en algunas niñas preadolescentes. Algo que me hace recordar la desolación que significa no haber tenido nunca una amiga así, y la convicción de que ya no la tendré y de que sólo podré acceder a ella desde la ficción que pueda. 

La Ana de Ghibli resulta mucho más concreta en relación con la de la novela, aun cuando se hayan sacrificado muchos aspectos significativos de ésta última. El aspecto levemente andrógino de la protagonista de la película, sumado a su vocación artística y la peculiar inestabilidad de su carácter consiguen preservar la idea original, pero con sus propios matices: la niña extremadamente sensible y solitaria que busca su lugar en el mundo. (¿A qué me suena eso…?)

Me resulta difícil hablar más de la película sin llegar a hacerlo también de la novela, develando aspectos vitales de su argumento. Si aún no han visto aquélla, traten de leer el libro primero, que es superior. Sería un ejercicio intelectual muy entretenido comparar ambas historias, en sus similitudes y cambios. Sin embargo, no me he animado a hacerlo aún. ¿Por qué? De eso tampoco estoy segura. Sólo sé que ya no puedo desprenderme de la imagina de Ana como esa chiquilla enjuta de pelo corto que bocetea la efigie de Marnie… y que eso, curiosamente, no me molesta en lo absoluto.

Videojuegos

Undertale

tobyfox


Undertale es el videojuego del que llegué a escribir tres veces, y me sigo sintiendo en deuda. Para introducir brevemente el porqué, solo puedo decir algo: no sentía esta sensación maravillosa de estar ante un RPG magnífico, un futuro clásico, desde cuando terminé Mother 3, hace cerca de siete años. 

Undertale es, probablemente, el fenómeno indie de la temporada, ganándose tanto el beneplácito generalizado de la comunidad como de la crítica. En lo que a mí respecta, con él llegué a reírme a carcajadas y luchar en medio de lagrimones. Es una historia intensa y tremendamente emotiva, pero a la vez trufada de anécdotas y guiños de sorprendente ingenuidad y respeto por sus referentes. Si pudiera condensar parte de mis impresiones sobre el juego, creo que usaría la palabra amor, y sin miedo. Historias como ésta te recuerdan que es justo ese miedo o ese desprecio a lo importante, que hoy permean con tanto éxito la ficción en la industria del entretenimiento, algo a lo que atender críticamente. Undertale está lleno de amor, tanto en su ética (su premisa) como en su estética (el homenaje rendido por su creador a los juegos y la cultura que ama), y la forma en la que plantea esto ha resultado a la vez bellísima y de notable progreso en nuestras concepciones sobre los RPGs convencionales.

Sobre su mecánica y su narrativa, me he referido ya en Akihabara Blues y Start Videojuegos; sobre su posible concepción como historia de Fantasía (sí), en Deus Ex Machina.

Lost Constellation

Infinite Fall


Este juego, spin off del esperado Night in the Woods, me supuso una agradable sorpresa. Me esperaba una breve experiencia relacionada con el imaginario de aquel juego, pero me encontré con una historia prácticamente autónoma, tan inquieta como solemne. 

Es ésta una narración que se presenta enmarcada en el universo de Night in the Woods: Mae, personaje principal de este juego, es aquí una niña que le pide a su abuelo que le cuente una historia de fantasmas, a propósito de la festividad de la noche más larga. Pero aquello que podría parecer un mero relato de terror, con sobresaltos y bestias ocultos, se convierte enseguida en una búsqueda muy íntima y reposada de Adina, la astrónoma protagonista que se interna en un laberíntico bosque en busca de una amistad perdida.

No es ésta una historia de terror, sino sobre la muerte y la persistencia de la memoria como mecanismo de supervivencia. Adina no sólo debe sobreponerse a la maldición que pesa en quien se atreva a extraviarse en la arboleda nevada, sino también a la intensidad de los espíritus que yacen penando en sus alrededores, sin poder entregarse al descanso definitivo. 

Es éste un juego en donde las voces de los muertos dejan de ser atemorizantes para volverse infinitamente tristes, pero sólo porque se han quedado estancadas en ese bosque de nadie que no es ni la vida ni la muerte. Este juego nos permite tener presente que todos hemos de morir alguna vez, incluso, quizá, los propios dioses. Pero, sobre todo, que a veces basta el amor sincero de un amigo que se atreve a emprender un viaje como éste sólo con tal de recordarnos para alcanzar un retazo de eternidad.

Novela gráfica


I Kill Giants

Joe Kelly & J.M Ken Nimura


No suelo leer novelas gráficas: el formato se me agota pronto y termino aburriéndome. Me gusta leer texto y la narrativa gráfica tiene muy poco de él; qué le voy a hacer. Algunas obras que he llegado a leer me han gustado mucho, pero con reservas. Puedo admirarlas intelectualmente, pero mi corazón permanece impasible. I Kill Giants es una de las pocas obras de este tipo que han conseguido conmoverme, y por ello la incluyo aquí.

Quien mata gigantes es una preadolescente de carácter enérgico y muy friki con una vida muy complicada: sufre de matonaje en su colegio y las cosas no andan nada de bien en su familia. Anda, ¡eso también me suena parecido! Pero a diferencia de mi yo juvenil, Barbara es bastante conflictiva y no duda en enfrentarse a quien sea que se ponga en su camino (sí, incluida la matona. A golpes). Es una matagigantes, después de todo, ¿no?

He aquí que se presenta lo interesante en esta historia: la relación de Barbara con el reino de la imaginación. La niña cree en la fantasía y trata de vivir su vida según esta fe. Ve algunas criaturas feéricas, conoce de los peligros de la maravilla y trata de entrenarse para ser una rival competente para los gigantes. Por supuesto, nuestro vulgar mundo real no le da cabida a alguien así. Para la sociedad, Barbara es una muchacha consumida por lo “fantasioso”, que lo emplea para eludir sus problemas reales. ¿A qué nos suena eso? Ah, sí: al viejo problema del escapismo, pero también a la estupidez humana que le tiene un pavor inmenso a la imaginación y sus pliegues. Lo cierto es que la imaginación en Barbara no es una huida, sino su forma particular de lidiar con sus verdaderos problemas, los que intuimos tan grandes en el transcurso de la narración que sabemos que nadie podrá ayudarnos, ni siquiera aquellas personas gentiles que nos ofrecen con sinceridad su amistad. Son de esas cosas que debemos vencer a solas y para las que nos debemos preparar. Sí, como si fuéramos a enfrentarnos a un gigante.

En realidad, Barbara está muy consciente de que no puede ganarle a aquel otro rival que está a punto de llevarse algo que ella ama, porque éste no es un gigante. Los gigantes se pueden derrotar. Pero eso no significa que no vaya a enfrentarse a uno en su viaje personal, y que ese enfrentamiento vaya a ser en vano o factible de interpretarse en el farragoso y simplón terreno de lo alegórico. Barbara es una luchadora de Faërie, con tooooodos sus defectos y cobardías a cuestas: esa es la gracia. Y su victoria como tal es lo que le permitirá encontrar la paz ante la pérdida que, como reverso, le espera inevitablemente.

¿Qué más decir de I Kill Giants? Me hubiera gustado que Barbara hubiera sido mi amiga de joven: habríamos luchado juntas. Y, de haber existido su historia mucho antes, cuando yo tenía alrededor de su edad, podría haber encontrado la fuerza suficiente para no haber cometido el mismo error que ella estuvo a punto de cometer. Ya no puedo remediarlo, pero ahí está la Fantasía para consolarme y hacerme entender lo que pasó. Y, quizá, para ayudarme a impedir cometer ese error otra vez. Porque para eso, también, existe la imaginación.




Con esto doy fin a mi recuento personal de historias destacadas de este 2015 del que ya no queda nada. Felices fiestas a quienes hayan seguido pasando por aquí, y a quienes llegaron hace poco, pero se han mantenido fieles en su interés. 

Un agradecimiento especial a quienes se quedaron conmigo hasta el final. Espero poder seguir compartiendo historias como éstas con ustedes, en la quietud animada entre tazas de té y latas de cerveza, o en el rinconcito despersonalizado pero tan intenso de las palabras que surcan Internet. Se los quiere y se los admire. Hasta 2016.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Historia de un oso: el arte como restauración


(Este texto incluye descripciones y discusiones sobre aspectos argumentales del cortometraje. Se recomienda verlo antes de continuar leyendo. Puede adquirirse por USD 2.99 en el siguiente enlace).

ACTUALIZACIÓN 29/02/16: ¡Historia de un oso ha ganado el Oscar 2016 a Mejor Cortometraje de Animación! Una demostración de que, contrario a lo que demuestra la experiencia, las historias de esperanza y redención aún parecen importarle al ser humano.

El 2014, tras cinco años de trabajo, se estrenó el cortometraje animado Historia de un oso (Bear Story) [1], creado por el estudio audiovisual chileno Punk Robot y dirigido por Gabriel Osorio. La obra ha cosechado gran cantidad de galardones internacionales (más de 40), destacándose tanto la emotividad de su triste argumento como las alusiones a la realidad histórica y sociocultural chilena.

Llegué a este corto como debiera llegarse a todas las historias importantes: sin bullicio previo, sin contexto. Por supuesto, sabía que la obra estaba acumulando premios y acaparando atención a toda velocidad, pero soy una persona muy lejana al mundo del cine, incluso al de animación, y lo que terminó motivándome fue el hecho de que sus protagonistas fueran osos antropomórficos bellamente diseñados. Me pareció curioso que un país tan renuente a los usos más arriesgados de la imaginación como Chile hubiera optado por esta decisión creativa en una obra que no estaba rotulada como infantil. Pensé que aquí podría haber algo que tendría más posibilidades de resonar en mí que otros trabajos nacionales, y no me equivoqué.

Historia de un oso es una obra magnífica. Como lo señala el título, se centra en la vida de un oso que intenta lidiar día a día con la pérdida de su esposa y su hijo. Tiempo atrás, la familia sufrió la detención del protagonista a cargo de una patrulla. Ésta lo forzó a trabajar en un circo, en condiciones cercanas a la esclavitud, hasta que al fin consiguió fugarse. Sin embargo, al regresar a casa, sólo se encuentra un hogar en ruinas, sin rastro de sus seres queridos. Desde entonces, el oso sale a las calles a contar esta experiencia a través de un teatro de marionetas, con el que recrea sus recuerdos personales.

Existen muchas maneras de describir Historia de un oso. Es, sin duda, la historia de un oso, de uno que ha perdido a su familia y que sólo cuenta con el arte como forma de memoria y consuelo. Igualmente, es una historia universal de una pérdida y del dolor de la injusta ausencia y de la innecesaria crueldad. Pero también, desde otra lectura, una historia sobre las heridas que la dictadura chilena abrió en el corazón de tantas familias, heridas que no han podido sanarse.

Gabriel Osorio, en una entrevista a la revista Qué Pasa, revela que el cortometraje está inspirado en su propia experiencia familiar: 

Yo quería hablar de mi abuelo, y de cómo los recuerdos te pueden mantener vivo. […] El oso que vuelve y su familia que no está tiene que ver con mi abuelo exiliado, que volvió a Chile y mi padre ya había muerto.

Leopoldo Osorio, según se cuenta en esta nota, adscribía al partido socialista. Tras el golpe, fue encarcelado y luego exiliado, encontrándose a su regreso a Chile que su familia había cambiado. Una historia que podría ser la de muchos exiliados chilenos que tuvieron que abandonar su país, sus seres queridos y los hogares en donde habían crecido para salvarse y proteger a los suyos, a expensas de ver sus vidas mutiladas. Pero lo que podría haber inspirado un trabajo de perfil documental o una ficción de visos históricos, como ha sucedido en otras ocasiones, en Punk Robot tomó la forma de una obra plenamente universal y de insólitos matices de redención, capaz de emocionar a todo tipo de espectador.

Como es habitual en Chile, muchas personas han preferido leer Historia de un oso exclusivamente como un trabajo alegórico sobre la dictadura, marginando cualquier otro tipo de interpretación posible [2]. Sin embargo, esta tendencia es comprensible: semejante experiencia histórica no sólo supuso la horrorosa destrucción impune de muchas vidas, sino también un embrutecimiento de la capacidad fabuladora y un pavor a la imaginación que se arrastran aún hoy. Por ello, a pesar de que esta historia nace de un conflicto íntimo anclado en un período concreto de Chile, Antonia Herrera (Directora de Arte) explicita que la intención de su equipo era trascender esta contingencia:

Queríamos contar la ruptura con la familia pero sin hablar del Golpe, no ser específico, sino que fuera más universal y estuvimos pensando en cómo traducir [esta experiencia].

Osorio complementa esta idea detallando parte del proceso creativo, en que la experiencia personal fue reelaborada: 

Mi abuelo era súper grande[;] entonces yo lo asocié con un oso. […] La idea de que fuera este animal se comenzó a apoyar porque lo iban a raptar, entonces ¿cuál podría ser el más buscado para trabajar en un circo? Eso nos llevaba a este mamífero, porque además podía hacer roles de humanos, como malabarismos.

Este proceso de reelaboración también influyó en la construcción del entorno en que habita el oso protagonista, de clara inspiración en el Chile de los 70’. Así, se tomó como referente de época la comuna industrial santiaguina de Quinta Normal, con su profusión de edificios e industrias. Detalles particulares como los adoquines o las señaléticas viales en blanco y negro con los nombres de las calles también crean marcas de identidad en esta sociedad de animales antropomórficos. 

Sin embargo, uno de los aspectos más destacados es el uso recreado del protagonista como organillero, figura típica del Chile de la zona central. Tal y como se señala en la nota de Solomonos Magazine, el organillo es un instrumento musical, no un teatro. Lo que los autores hicieron, entonces, es fusionar elementos propios del organillo con los de las sombras chinas, para dar finalmente con una máquina única, capaz de contar una historia con muñecos de hojalata a la par que emitir una melodía como las de las cajas de música, llena de nostalgia y dulzura.

Este notable trabajo de investigación y reelaboración de elementos socioculturales chilenos se plasma de manera muy natural y fluida en el corto. Esto contribuye también a la identificación de rasgos propios de nuestra realidad histórica sin tener que restringir la comprensión y valoración de la obra únicamente a su asociación a ella. Y personalmente creo que este es uno de los méritos más grandes de Historia de un oso: hacer de una experiencia íntima de una familia específica, condicionada por un terrible evento histórico, una narración de dolor y esperanza a la que cualquier persona pueda asignarle su propio sentido coherente, como corresponde a toda obra de arte.

Pongámonos en el caso de un niño, ajeno aún a los hitos más descarnados de Chile, que ve el cortometraje. ¿Qué lectura haría él de los crueles vejámenes a los que someten al oso? Pues, probablemente, una lectura basada en la literalidad del episodio: unas criaturas malvadas que apartan al oso de su familia sólo por el egoísta fin de hacerlo trabajar en el circo, sin importarles su tristeza o su indefensión. Quizá la historia haga reflexionar a este niño sobre la crueldad de los circos y la falta de empatía de quienes permiten su existencia. Esto no se relaciona directamente con las personas destrozadas por la dictadura, pero la esencia apuntará a un dolor que no le está tan lejano como pareciera: familias apartadas por la inhumanidad de quienes creen que sus ideales son más importantes que el amor, y que están dispuestos a justificar acciones horrorosas en pos de un discurso que les resulte conveniente.

He señalado el caso hipotético de un niño porque pienso que, a pesar de todo, ellos son quienes están más cerca de hacer suyo el corazón de una historia sin extraviarse en marañas de simbolismos o referencias. Que personas así, tan desprendidas a veces de todo accesorio adulto, puedan llegar igualmente a esta esencia, dice mucho de la obra. 

Y, bueno, también he hablado de un niño porque me intrigaron las siguientes palabras de Osorio:

Bear Story no es una historia para niños, no con ese final. Pero es un tipo de cine. Casablanca tampoco tiene un final feliz, pero dicen al final: “Siempre tendremos París”. Y París son nuestros recuerdos. De eso se trata: siempre tendremos nuestros recuerdos, y nos sirven para seguir viviendo.

En su momento, me pregunté por qué, una vez más, se tiende a desasociar la tristeza de la infancia. ¡Los niños pueden entender la tristeza! Hay niños muy tristes, ya sea porque se trate de su naturaleza o porque sus experiencias personales los han llevado a esto. Tal vez no la asimilen de la misma forma que un adulto, pero es una emoción de la que no están ajenos. Me atrevería a decir que muchos niños entienden que el final feliz de algunos cuentos es necesario, no porque los envuelva en una burbuja apartada de la realidad, sino precisamente porque su propia vida real les es tan dolorosa que la esperanza se debe obtener desde aquel último reducto que, a diferencia de otros seres humanos, jamás se las negaría: las historias de ficción.

Pero esto no significa que no estén preparados para leer o contemplar una historia de desenlace infeliz. El propio director alude a la esperanza a través del acto de recordar, de echar un leño más al fogón de la memoria. Muchos niños entienden que los finales de las historias, felices o no, han supuesto gran cantidad de pérdidas en el camino. Historia de un oso no es la excepción. Pero, en su caso, presenta algo más, algo que podría cuestionar la tristeza de su desenlace, a menos que entremos a complejizar nuestra noción de tristeza.

Con ello quiero referirme a un detalle que no vi desarrollado en las notas de prensa sobre el cortometraje: el arte como transformación y sanación. Me temo que esta omisión, deliberada o inconsciente, se deba precisamente al desprecio que la sociedad chilena siente hacia la concepción del arte como una práctica que podría llegar a sanar tanto a su creador como al espectador. Y por sanar no me refiero a eliminar automáticamente las huellas del dolor, por supuesto, sino a proveer un espacio en que éstas puedan asumirse y redimirse a través de la reinterpretación.

Esto es lo que hace el oso protagonista. Él tiene una historia que contar: la suya. Para ello se dedica a crear y pulir las figuras que lo representarán a él y a su familia y a elaborar una narrativa nueva en la que pueda representar sus experiencias. Pero no se queda con la vivencia concreta, sino que la transforma.  En la vida real no siempre hay finales felices, y eso no depende de nosotros. Pero en la ficción, de la que somos autores, quizá sí. De modo que el oso reescribe su historia de la forma en la que él desearía que hubiera sido en su vida real: con un desenlace en la que logra reencontrarse con su familia. 

¿Por qué hace esto? Podríamos decir que por consuelo o por urgencia, pero eso sólo explicaría la creación misma del teatro, no el acto de presentarlo como un espectáculo público. Creo que la voluntad de hacer de su obra una exhibición tiene que ver tanto con el deseo de preservar la memoria de lo ocurrido como con extender una noción de esperanza a los espectadores: las cosas pueden ser distintas, si entendemos qué fue lo que sucedió. Los finales felices son posibles (que no probables), tal vez, si nos esforzamos y las condiciones nos son favorables.

Más importante aún es la reacción del oso niño que contempla la narración: primero, el estupor de haber visto algo importante y hermoso; luego, la sonrisa. El oso acepta su moneda y a cambio le entrega un remolino, como recuerdo de la experiencia. Mientras el oso niño se marcha de la mano de su papá, el oso protagonista observa una fotografía con su familia; podemos suponer que ha visto en ese pequeño a su propio hijo. Pero su reacción entonces no es de nostalgia o tristeza por las similitudes, sino de alegría: él también sonríe. Sonríe, creo, porque ha contado una vez más su historia y porque alguien, un niño, ha disfrutado con ella. Porque, en esos breves momentos en que dura la narración en la que tan duro ha trabajado, y en especial en esa sonrisa, ha encontrado el consuelo. Porque el arte, su arte, lo ha salvado.

¿Cuántas veces hemos leído o escuchado cosas tales como “el arte (o la literatura) no salva a nadie”? El problema no es el enunciado en sí, pues cada persona ha de tener una experiencia individual e intransferible, ninguna necesariamente mejor que otra.  El problema es la innecesaria e inexplicable generalización: si el arte no me salvó a mí, o si no pudo hacerlo, no puede ni podrá hacerlo por nadie más. ¿Por qué? Es muy violento tener que negar una experiencia semejante proveniente de otra persona, en la medida en que sea distinta a la propia, pero lo es más aún burlarse de quien se atreva a sostener que el arte sí lo ha salvado. 

Volviendo al tema de esta obra, un cortometraje como éste no borrará el dolor de todas las familias que vivieron lances similares en la dictadura. Tampoco creo que lo pretenda. Es una historia cuyo origen nació de una vivencia íntima, después de todo. Pero sí creo que, en cada una de las personas que nos hemos emocionado al verla, algo se ha restaurado

Me parece que ésta es una línea que el arte chileno debería animarse a fortalecer: la restauración. Muchas obras que han abordado previamente la dictadura y sus consecuencias lo han hecho desde un reflejo fidedigno de una desesperanza que, en cierta forma, sigue vigente. Estas obras han sido fiel retrato de unas palabras que son una realidad cotidiana para muchas personas que aún ignoran el paradero de los restos de sus seres queridos desaparecidos: sin perdón ni olvido. Estas obras son necesarias. 

Sin embargo, creo que hay igualmente espacio para otro tipo de trabajos que, sin negar estos horrores, se atrevan a explorar también la esperanza. Me refiero a obras como Historia de un oso, o al poemario Niños, de María José Ferrada, que intenta restaurar la infancia de niños ejecutados en dictadura a través de poemas hermosos, llenos de la vida que les fue arrebatada. Personalmente, en esta intención poética de recrear desde el lenguaje lo que se destruyó de una manera tan horrible, veo una de las expresiones más poderosas de la literatura. 

Es el mismo procedimiento al que recurrieron tanto el oso protagonista como el equipo de Punk Robot, desde sus propias artes. Osorio señala:

El hecho de hacer una historia dentro de otra tiene por objetivo reflejar un poco lo que nosotros hacemos, que es la animación. Tiene una parte de mi abuelo y otro parte de mí, en donde un personaje modela a los osos de metal.

Pero, si hablamos del arte como restauración, cabría preguntarse entonces de qué forma afectó este hermoso cortometraje a la familia del director. Sólo se hace una alusión muy breve en una de las notas de prensa, respetando su intimidad: 

Hace unos meses, luego del éxito del cortometraje, [Osorio] decidió juntarse con su abuelo, el oso original, y mostrarle lo que había hecho con la historia de la familia. Cuando cuenta eso, se emociona.
Esos recuerdos, lo que su abuelo le dijo, sólo quedarán para él.

Aun así, quisiera imaginarme que Gabriel Osorio puede haber sonreído también. Como el oso protagonista. Como el niño oso. Como muchos de nosotros, tras ver su obra.




Referencias

Riveros, P. (2015). "Historia de un oso". En Solomonos. Disponible en: http://solomonos.cl/historia-de-un-oso/

Alonso, N. (2015). "Nieto de un oso". En Qué Pasa. Disponible en: http://www.quepasa.cl/articulo/cultura/2015/09/nieto-de-un-oso.shtml/


Notas


[1] Evidentemente, Historia de un oso NO es una obra de Fantasía. Pero quienes hayan visto el corto y tengan un mínimo de entendimiento en la estética de ésta concordarán conmigo en que es bastante más fiel a su espíritu restaurador que muchas otras obrillas que desvergonzadamente se presentan a sí mismas como tales.

[2] Tan pronto Historia de un oso se adjudicó el Oscar, comenzaron a surgir con especial fuerza diversas discusiones sobre las interpretaciones posibles de la obra. Por desgracia, tal y como me lo temía, aparecieron algunas voces que efectivamente condenaron toda lectura que no fuese alegórica, llegando hasta la burla o el insulto hacia quienes no compartían su visión (o hacia quienes preferíamos centrarnos en otros aspectos). A propósito de esto, dejo esta nota con palabras del propio director, que refuerzan la intención autoral de darle un enfoque más universal a una historia particular y que incluso se permiten no condenar a la derecha chilena, que en su momento celebró también la obtención del galardón.

martes, 7 de abril de 2015

Charlas de Fantasía en "Mundos imaginarios", Ruta del Libro 2015 (USACH)


En abril, como celebración de la efeméride del Día del Libro, la Universidad de Santiago de Chile (USACH) organiza cada año el evento Ruta del Libro. En esta oportunidad, el enfoque temático ha resultado ser la Fantasía y uno de sus organizadores, Francisco Bustos, lector habitual de Tierra de Fay, nos ha invitado a mí y a Emilio Araya como expositores en diversas instancias. A continuación detallaré el enfoque y temas de cada charla, presentando además los afiches respectivos.

Charla 1: Breve historia de la Fantasía (13 de abril)
Afiche diseñado por Emilio Araya.

La primera charla la realizará Emilio y corresponderá a un recorrido sintético sobre los orígenes de la Fantasía como estética literaria, abordando la tradición del cuento de hadas literario y el trabajo de algunos victorianos emblemáticos como precursores de grandes autores, como el propio J.R.R Tolkien.

Emilio es el autor del blog El Reino Peligroso, hermano de Tierra de Fay, y especialista académico de Fantasía. He aprendido muchísimo de sus entradas y de la bibliografía que me ha facilitado, aunque quizá, más aún, de las infinitas conversaciones hasta avanzadas horas que hemos tenido sobre aquello que amamos. Puedo dar fe que el contenido de esta charla será extremadamente valioso, pues abordará la Fantasía desde una profundización y una rigurosidad prácticamente inédita en Chile. En suma, una recomendación absoluta para todo aquel verdaderamente interesado en la Fantasía como literatura.

Charla 2: La Fantasía olvidada, clásicos desconocidos de literatura infantil de Fantasía (15 de abril)
Afiche diseñado por Diego Barrera. Ilustración de John Bauer.


La segunda charla la realizaré yo y, como el nombre lo indica, estará centrada en la LIJ, como forma de honrar también el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil (6 de abril, fecha correspondiente al natalicio de Andersen). En ella pretenderé explorar críticamente algunas razones que pudiesen ayudar a entender por qué determinadas obras de Fantasía infantil, consideradas clásicas en Europa y Norteamérica, son poco conocidas en nuestro contexto chileno y latinoamericano, y cuáles podrían ser los principales escollos para lectores, bibliotecarios, docentes, académicos o mediadores de lectura al momento de acercarse a ellas. Complementaré la exposición describiendo tres obras, cuya propuesta estética considero tan valiosa como potencialmente atractiva para cierto tipo de lector infantojuvenil contemporáneo.

Charla 3: [Pendiente] (23 de abril)

La tercera charla será más bien una mesa redonda, en la que participaré con Emilio y, posiblemente, con algún otro invitado aún por definir. Por lo mismo, esta actividad en particular está pendiente de actualización. Tan pronto tenga mayor información, la añadiré aquí. En circunstancias normales habría mantenido esta entrada en estado de borrador hasta estar segura, pero dada la proximidad de las fechas creo que lo mejor es empezar a difundir desde ya los eventos que ya están casi listos y anunciar al menos la existencia de una tercera instancia.


Además de estas tres charlas, la Ruta del Libro 2015 estará llena de actividades temáticas para el público general. Espero adjuntar aquí el programa oficial una vez que el blog oficial del evento esté listo.

Esta una gran oportunidad para exponer sobre aquello que amamos en un espacio grande, así que sería estupendo que algún lector chileno interesado y con disponibilidad horaria se animara a asistir a las charlas y compartir con nosotros.

lunes, 23 de marzo de 2015

The Buried Giant de Kazuo Ishiguro: Ursula K. Le Guin contra la Fantasía irresponsable

A propósito de la publicación de la novela The Buried Giant de Kazuo Ishiguro, que incorpora superficialmente elementos fantásticos, analizo y discuto las críticas que sostuvieron Le Guin y el autor sobre la Fantasía, tanto como estética como género comercial.

Una de las controversias literarias más recientes y peculiares de los últimos días ha tenido como protagonista, curiosamente, a la Fantasía y a las visiones que dos autores de reconocido prestigio han sostenido públicamente. Estamos hablando de las reacciones que suscitó la publicación de la esperada nueva novela del autor Kazuo Ishiguro, The Buried Giant, y sus palabras al respecto en una entrevista del New York Times. En ésta, el escritor confesaba sus dudas sobre la obra, que presentaba muchos elementos propios de la Fantasía, y la forma en que sería leída y valorada por los lectores: "¿Me seguirán los lectores en esto? ¿Entenderán lo que estoy intentando hacer o los elementos superficiales los dispondrá al prejuicio? ¿Irán a decir que esto es fantasía?"

A los pocos días, Ursula K. Le Guin salió a exponer sus propias opiniones, ya no sólo hacia la novela de Ishiguro (cuya lectura, según cuenta, se le hizo "dolorosa"), sino también hacia lo que implicaban estas palabras. Y es que, para Le Guin, lo que había expresado Ishiguro le había parecido tan insultante que había sentido la necesidad de responderle. Por supuesto, este acto suscitó un tumulto de comentarios y discusiones en la comunidad literaria: ¿pueden haber encuentros significativos entre la ficción literaria y la Fantasía?, ¿es la obra de Ishiguro un atrevido y necesario experimento que ayudaría a acercar la Fantasía a otros lectores y apartarla de preconcepciones inválidas?, ¿ha sido Le Guin un tanto quisquillosa o arrebatada en su reacción?

Debo decir que concuerdo casi en su totalidad con la réplica de Le Guin. La autora ha sido una influencia tremenda para mí, no sólo por la maravilla de sus obras, sino también por la increíble lucidez y potencia de sus ensayos respecto a la Fantasía. Su trabajo me ha inspirado muchísimo y me ha estimulado a desarrollar mis propios pensamientos críticos hacia esta estética. No me parece que exista nadie hoy en día con esa solidez de visiones, de estilo y de calidad en tanto autora de Fantasía, de ahí que considere de suma importancia detenerse a analizar con cuidado su participación en este debate, pues sin duda nos revela mucho de la Fantasía, de su importancia y de la forma en la que es percibida actualmente.

Empecemos citando aquel fragmento que es el más frecuente en las notas que se han publicado sobre esta controversia y que corresponde al cierre del texto de la autora: 

Ningún autor puede usar con éxito los 'elementos superficiales' de un género literario -y menos aún sus profundos potenciales- para un propósito serio, mientras se lo desprecia  hasta el punto de temer su identificación con él.

Es necesario detenerse, entonces, en el concepto de "literatura de género" y su relación con este debate. Para Jonathan Sturgeon, que Ishiguro llegara a insultar la Fantasía no es un problema:

Le Guin piensa que la novela de Ishiguro falla porque considera a los dragones y ogros como 'elementos superficiales' [...]. Los supuestos elementos de Fantasía en The Buried Giant son, literalmente, elementos superficiales: esconden lo que está enterrado en nuestras mentes y corazones. Pero Le Guin quiere más dragones, y quería igualmente un autor que quisiera más dragones.

Sturgeon continúa, expresando qué significa para él la literatura de género en tanto concepto asociado al mercado de la industria editorial y carente de verdadero valor literario:

La verdad es que la mayor parte de la ficción de género es formulacia, construida para una audiencia predefinida. La razón para incluir dragones en muchas novelas de Fantasía se debe a que a los lectores y autores les gustan los dragones. La literatura de Fantasía no obtiene puntos adicionales porque Ursula K. Le Guin sea un genio. A lo más, sus mejores libros nos llegan como puramente literarios: no hay una calidad predefinida para ellos. Y esto, básicamente, no pasa en la mayoría de trabajos en CF, Fantasía, etc. Para usar parte de la lógica de la propia Le Guin: aún vivimos bajo el capitalismo y el concepto de género aún está atado al mercado. La fría verdad es que los libros de género suelen tomar el fácil camino de la fórmula.

Concuerdo con la idea central de este último párrafo. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿No soy una cultora y defensora de la Fantasía? ¿Cómo podría llegar a aceptar las acusaciones de que la mayoría de las obras identificadas como tal sean, valga el juego de palabras, "genéricas" y de escasa calidad literaria? Pues porque esa acusación es verdad: la industria editorial ha saturado el mercado y las estanterías particulares de muchos lectores con novelas ínfimas, escritas por autores sin ninguna pretensión estética que son promocionados en grandes franjas como los nuevos Tolkien, los herederos de Martin o, derechamente, como las nuevas estrellas del género. De la literatura misma, por lo visto, ya muy pocos se ocupan.

Quienes lo hacen no son los escritores de género. Los que se ocupan de la literatura son aquellos autores y pensadores que conciben a la Fantasía como una estética literaria más y no como un rótulo colorinche de mercado o un refrito del viaje del héroe. Los que entienden que el concepto de "estética" no tiene que ver con la moda, sino con un conjunto de visiones y poéticas artísticas de cada autor. Y los que, en última instancia, me atrevería a decir también, no separan en sus creaciones la noción de ficción literaria de la Fantasía, la ciencia ficción o el terror.

Personalmente no entiendo bien a qué se refiere la gente que habla de ficción literaria cuando usan el concepto para distinguirla de estas estéticas. "Calidad literaria", podrían decir. Bien: entonces desarrollen qué entienden por eso y cómo podría expresarse en cada obra en particular. Para empezar. A continuación, necesitaría que me explicaran cómo entonces Le Guin puede ser considerada como una "genio", si escribe principalmente Fantasía y ciencia ficción y -sorpresa- también muchos ensayos críticos sobre visiones políticas y de género (no literario, se entiende).

Me da la impresión de que “ficción literaria” se entiende como símil de realismo o, a lo más, de un fantástico muy vinculado a nuestra realidad. Sin embargo, me temo que también existen ficciones realistas o fantásticas de escasa calidad literaria. ¿Entonces?

Decía Sturgeon que la Fantasía no ganaba nada a partir del talento de Le Guin, cayendo así él mismo en la lógica de producción y cantidad que reprocha: da a entender que su talento sería, quizá, un beneficio si existieran más escritores como ella. El punto es que sí existieron: Tolkien, Lewis, MacDonald, Ende, L'Engle, Wynne Jones, Bradbury, Mirleess, entre muchos otros. Que él y otros no los conozcan, no los entiendan o los invisibilicen para sostener su posición, es otra cosa. Naturalmente, nos agradaría que fueran muchos más (y, de paso, que no estuvieran muertos: los echamos muchísimo de menos), pero son suficientes como para comprender que existe una forma de escribir Fantasía que no tiene que ver con las visiones del mercado, sino con el genuino deseo de escribir una historia desde una estética de características particulares, cuyos efectos no son imitables por otras.

Por tanto, quienes tienden a pensar que la Fantasía, la ciencia ficción y el terror no pueden ser ficciones literarias, por lo visto, carecen de lecturas suficientes. Por otra parte, si además tienden a pensar que una obra presentaría mayor calidad literaria sólo por ser realista o entroncarse en la tradición del fantástico (es decir, por motivos ajenos al trabajo mismo con el lenguaje de cada historia), se confirma que este tipo de juicio no tiene ninguna validez crítica.

En esa coyuntura se sitúa Le Guin para criticar a Ishiguro. Ella lleva décadas enteras pensando y discutiendo la Fantasía; su breve pero contundente opinión no surgió por una rabia senil repentina, como mucha gente pareció criticarle. Sus palabras son una muestra de una consecuencia y coherencia intelectual sostenida por muchísimos años, al margen de que sin duda hayan adquirido un tono precipitado y que podría (y lo hizo) suscitar confusiones y malosentendidos en lectores poco formados en este tipo de literatura.

Eso nos lleva a lo siguiente: atreverse a refutar sus impresiones sin haberse dado el trabajo de entender desde dónde está hablando, ni de conocer sus trabajos en el tema y los que ella ha citado en su bibliografía ensayística, me parece bastante irresponsable. Si a eso le sumamos ese tono pedante y burlesco que ha abundado en sus detractores (eso también está de moda, al parecer. ¿Por qué?), pasando incluso por el propio Ishiguro, debo decir que estas reacciones me parecen muy reprochables.

Cualquier lector de Le Guin sabe que la intensidad de su réplica surge de su propio interés y amor hacia la Fantasía, y que en realidad debe haberse sentido insultada por las palabras de Ishiguro. Si yo tuviera casi noventa años y hubiera empleado al menos tres partes de mi vida en hablar por y desde la Fantasía y viera que la gente sigue empeñándose en hablar imprecisiones de un área que no conocen con la rotundidad de un especialista, también me sentiría insultada.

Y es que, sin duda, sólo alguien que ignora las contribuciones críticas de Le Guin hacia la Fantasía podría sostener que lo que ella espera de este tipo de obras es que tengan dragones (Sturgeon), o bien, que la autora basaría sus reparos en su propia "agenda" (Ishiguro).

En realidad, me temo que los que en realidad están cayendo en este tipo de prácticas son, una vez más, quienes (inconscientemente quizá) desprecian la Fantasía literaria como expresión superior de la imaginación a través del lenguaje por sus propios e inexorables miedos enquistados.

Sorprende que, por ejemplo, nadie haya parecido notar que el foco de Le Guin en su columna no haya sido el problema del género, sino el propio lenguaje
Un escenario tan genérico y unas percepciones tan vagas [como las de The Buried Giant] deben ser traídas a la vida a través del lenguaje del relato. Toda obra está hecha de palabras, después de todo. Lo imaginario debe ser imaginado, de manera precia y con una escrupulosa consistencia. Un contexto fantástico requiere una descripción específica y vívida; aun cuando los personajes puedan perder el contacto con su realidad, el narrador no puede hacerlo. Un lenguaje inexacto y con el tono inadecuado es incapaz de crear escenarios, relaciones significativas o aun eventos creíbles. Y la vitalidad de los personajes en un contexto semihistórico y semi imaginativos dependen de una representación verosímil y vívida de lo que hacen y de cómo hablan

Le Guin critica aquí la inconsistencia del lenguaje presente en la obra y cómo eso afecta su percepción, en tanto lectores, de este mundo y sus acontecimientos (su historia, vaya) de manera negativa, impidiéndonos entrar a él como la verdadera Fantasía consigue hacer. Esta crítica, a su vez, está íntimamente vinculada a su emblemático ensayo "From Elfland to Poughkeepsie", en que la autora se dedica a explicar lúdica y contundentemente la importancia del estilo en la Fantasía: el lenguaje literario es como una suerte de encantamiento que requiere un uso particularmente elaborado estéticamente para estimular las zonas más recónditas y complejas de nuestra imaginación y así revelarnos todos aquellos temores y maravillas a los que, usualmente, solemos rechazar.

Pocos días tras la publicación de la columna de Le Guin, a Ishiguro se le preguntó por ella y su respuesta osciló entre la sorpresa, la molestia y, era que no, la ironía

[Le Guin] se mostró un poco precipitada en nominarme como la última enemiga de su propia agenda. [...] Si hay alguna línea de batalla trazada contra la aparición de los ogros y las pixies en los libros, yo estoy del lado de ellos. [...] Nunca me imaginé que esto iba a traer problemas. Todo lo que había leído sobre TBG habían sido cosas como 'Oh, puso un dragón en el libro' o 'Me encantaron sus anteriores libros, pero no sé si me gustará éste'. Le Guin tiene el derecho de haberse sentido a gusto o no con mi libro, pero hasta donde a mí compete, ha elegido a la persona equivocada [para indicar como enemigo de la Fantasía]. Yo estoy del lado de las pixies y los dragones.

Como puede apreciarse, Ishiguro optó también por omitir el comentario respecto a las discusiones sobre el lenguaje en la Fantasía. Igualmente, volvió a referirse a algunos elementos (en este caso, criaturas) de manera superficial: apoya que aparezcan, pero no explica de qué forma ni para qué o por qué. Precisamente, el punto no se trata de que haya más o menos dragones en un libro, sino que aquellos que aparezcan tengan consistencia, en tanto criaturas de la imaginación invocadas desde el lenguaje. Que sean, en fin, entidades cuyo conocimiento te muevan a la certeza de que puedes derrotarlas, parafraseando una vez más a Chesterton... O simplemente la maravilla de encontrártelas y sentir que han cambiado tu vida y tu percepción del mundo real. Le Guin señala:

La presencia o ausencia [de elementos asociables a la Fantasía] no son lo que constituye la Fantasía. La Fantasía literaria es el resultado de una imaginación vívida, poderosa y coherente que reúna imposibilidades verosímiles para conformar una historia vívida, poderosa y coherente.

De ahí que muchos libros con dragones sean una bazofia: no porque los tengan, sino porque la pobreza de su lenguaje y/o su orientación derechamente comercial los hace incompatibles con la esencia de la estética de la Fantasía, que se mueve en el difícil terreno de las preguntas que importan y que es tremendamente subversiva hacia las visiones del poder y del sometimiento de la imaginación. 

Estos son libros que hoy en día se rotulan como "fantasía" para poder venderlos aprovechando el tirón de Juego de Tronos (la serie, principalmente) o alguna horrenda adaptación fílmica de algún autor clásico. Es posible que Ishiguro haya aludido a esta clase de obras cuando señaló su recelo hacia la forma en la que The Buried Giant sería recibida por sus lectores, pero él mismo parece compartir estos prejuicios al entreverse que es incapaz de pensar en la Fantasía como una estética que calza con la noción de ficción literaria.

Lo anterior no sólo se aprecia en sus erráticas respuestas a los puntos desarrollados por Le Guin, sino en lo que él mismo señala sobre su propio proceso creativo: su irresponsabilidad creadora hacia la Fantasía. En la primera entrevista, Ishiguro no tiene reparos en confesar que la atmósfera de la obra bebe antes de las películas de western y de filmes anti-Samurai que de la literatura de Fantasía, y que llegó a la idea de escribir su historia en un mundo imaginario tras decidir que no quería que los lectores hicieran alcances contingentes con algún referente real. Es más: en una entrevista posterior, Ishiguro señala también que fueron los conflictos en Yugoeslavia y Ruanda (hacia los 90) los que fundamentalmente lo inspiraron, en vez de una fascinación intrínseca hacia una Gran Bretaña mítica. Es decir, aspectos que podría haber desarrollado perfectamente desde cualquier otra estética o aun desde el propio realismo, con un trabajo más minucioso.

¿Por qué alguien, sobre todo un escritor de trayectoria, pensaría que es válido siquiera incursionar en alguna estética o modo de lenguaje particular sin conocer antes a sus mejores autores? ¿Podríamos atrevernos a escribir poesía y creernos poetas sin haber leído algo más que al Pablo Neruda de Veinte poemas de amor y una canción desesperada? Quizá, pero luego lo más probable es que algún día, si no estamos rodeados de un círculo de gente complaciente (cosa que no pasa muy a menudo), descubramos que la poesía es otra cosa. Incluso si tuviéramos un genio natural para la lírica, terminaríamos desechando nuestras primeras creaciones y buscando a poetas maravillosos, más para que nos enciendan los ojos como nadie más podría hacerlo antes que para ver nuestro talento reflejado en ellos o aprender de sus trabajos.

Pensar que se puede escribir Fantasía o desde ciertos elementos de Fantasía sin al menos sentir que vale la pena leer algunas obras emblemáticas antes o durante, da cuenta de que el autor, sin duda, eligió usar algunos elementos propios de ella de manera superficial por propósitos ajenos a la estética literaria y, quizá, incluso de la propia historia de The Buried Giant. Y eso, querámoslo o no, ha de condicionar el imaginario de la obra de una forma u otra, problamente de manera negativa.

Por ello, sorprenden igualmente algunas apreciaciones de otros autores hacia esta obra. Por ejemplo, David Mitchell, como se cita en la primera entrevista a Ishiguro, señala que cree que la mezcla entre Fantasía y ficción literaria podría llegar a cosas que el realismo desnudo no podría, confirmando mi sospechas anteriores sobre la arbitraria asociación "literario: realismo"; mientras, Le Guin apostilla:

La Fantasía, probablemente, sea el recurso literario más antiguo para hablar sobre la realidad.

Por si fuera poco, Mitchell establece que el trabajo de Ishiguro podría ayudar a desestigmatizar la Fantasía, visión que es bastante cuestionable, ya que la estigmatización se origina precisamente en personas que se atreven a enjuiciar desde el desconocimiento.
La Fantasía ya tiene bastante autores magníficamente literarios, que han escritos sus mejores trabajos tras alcanzar una madurez que se nutrió en buena medida de sus lecturas críticas de la tradición de esta estética. Prueba de ello es que, por ejemplo, un académico tan exigente como Harold Bloom ha incluido a la propia Le Guin y a John Crowley en su Canon Occidental: son autores que, al menos desde cierta academia, son validados como escritores de alto valor estético. Esto me lleva a sentir que la Fantasía no necesita, para redimir su percepción, de un escritor sin lecturas específicas que quiera incursionar en ella sin atreverse a adentrarse realmente en sus terrenos, sino a gente que sea capaz de leer, leer y leer (¡y escribir) más allá del mercado y de la imposición snob de determinados cánones realistas. Gente que no le tenga miedo al Reino Peligroso, en suma (o que le tema, pero que se atreva de todos modos a internarse en él).

En su última réplica a la controversia, Le Guin da una vez más en el clavo, reorientando la discusión hacia el punto que ella originalmente desarrollaba: 

¿Estaría él [Ishiguro] interesado en hablar de las variadas definiciones de la palabra 'fantasía' como de la literatura más imaginativa (como yo uso la palabra), o como limitada a un desarrollo comercial moderno en la ficción y los medios (como creo que él la usa)?
Ahí está, a mi juicio, la clave: pensar en la literatura de Fantasía como “literatura de género” o como algo más, una representación de las posibilidades de la imaginación desde el lenguaje. Creo que la confusión entre conceptos no hace sino fomentar los prejuicios y animosidades, cosa que considero totalmente comprensible si consideramos que la Fantasía es el reino de los nombres. Que la sociedad haya extraviado su significado, llegando a asociarlo a la fuerza con concepciones de mercado, prueba que se trata de un asunto extremadamente complicado.

Quizá algo que podría reprocharle a Le Guin es su uso indiferenciado de la palabra "género": ella tiene claro a qué concepción adscribe, y nosotros también, pero no sucede lo mismo con otras personas, que claramente no tienen interés alguno en conocer otras acepciones del término porque no les conviene. Tal vez habría que entrar a discutir, proponer y rescatar otros conceptos para aclarar exactamente de qué hablamos cuando hablamos de Fantasía, algo a lo que probablemente me aboque a largo plazo en mis propias investigaciones porque no tiene sentido trabajar esas cosas en un blog.

Habrá quien piense que esta discusión no importa en lo absoluto y que basta determinar si The Buried Giant es buena o no, en términos literarios. Es probable que quien piense eso se trate de una persona a quien no le importe la Fantasía o que, justamente, la conozca más como género de mercado o como literatura juvenil, así que no sé si ese alcance sea pertinente acá. Pero personalmente creo que importa muchísimo, como señalé al principio de este texto, o de lo contrario no me habría molestado en escribir tantas palabras que casi nadie leerá (¡hola, Emilio!). Sin embargo, creo que esto es relevante incluso más allá de las visiones sobre la Fantasía en torno a las cuales abrir el debate.

Pienso que es muy probable que la obra de Ishiguro sea una buena novela, y desde luego deseo formarme mi propia impresión de ella leyéndola en cuanto tenga la oportunidad, al margen de la desagradable actitud del autor. Pero me temo que el juicio de Le Guin, con quien en general suelo coincidir en sus apreciaciones críticas hacia la Fantasía, pueda ser algo que vaya eventualmente a compartir. Incluso Neil Gaiman, bastante sobrevalorado en este tipo de apreciaciones (y en tantas otras cosas), resulta enfático en esta oportunidad:

[The Buried Giant] es una novela que es fácil de admirar, de respetar y de disfrutar, pero difícil de amar. [...] Sospecho que mi incapacidad para enamorarme de ella, a pesar de mis deseos, vino de mi convicción de que había una alegoría esperando como un ogro en la niebla.

Pero ¿de verdad importa entonces?, podría insistir alguien. Pues sí: porque pienso también en la bellísima obra que podría haber resultado si su autor se hubiera atrevido a sumergirse en la Fantasía con la genuina responsabilidad e interés de un peregrino más. La premisa de la historia me parece potente, pero por desgracia la literatura no es sólo premisa, es lenguaje, y la Fantasía es lenguaje e imaginario.

Quizá esa pérdida colectiva de la memoria que se desarrolla en la historia de The Buried Giant se exprese también en este olvido, esta renuncia a recordar la importancia de la tradición y esencia de la Fantasía al momento de desear contar una historia que repose en sus lindes. Espero que algún día alguien pudiera escribir una novela sobre eso… alguien que se atreva de verdad a adentrarse al Reino Peligro, eso sí.


Artículos citados (en orden de publicación)


Alter, A. (19 de febrero de 2015). "For Kazuo Ishiguro, The Buried Giant is a departure". The New York Times. Disponible en: http://www.nytimes.com/2015/02/20/books/for-kazuo-ishiguro-the-buried-giant-is-a-departure.html?_r=1

Gaiman, N. (25 de febrero de 2015). "Kazuo Ishiguro's The Buried Giant". The New York Times. Disponible en:  http://www.nytimes.com/2015/03/01/books/review/kazuo-ishiguros-the-buried-giant.html

Le Guin, U. (2 de marzo de 2015). "Are they going to say this is fantasy?". Book View Café. Disponible en: http://bookviewcafe.com/blog/2015/03/02/are-they-going-to-say-this-is-fantasy/

Sturgeon, J. (6 de marzo de 2015). "Kazuo Ishiguro's The Buried Giant and the tyranny of genre fiction". Flavorwire. Disponible en: http://flavorwire.com/508134/kazuo-ishiguros-the-buried-giant-and-the-tyranny-of-genre-fiction

Cain, S. (8 de marzo de 2015). "Writers' indignation: Kazuo Ishiguro rejects claim of genre snobbery". The Guardian. Disponible en: http://www.theguardian.com/books/2015/mar/08/kazuo-ishiguro-rebuffs-genre-snobbery

Le Guin, U. (10 de marzo de 2015). "Addendum to 'Are they going to say this is fantasy?' ". Book View Café. Disponible en: http://bookviewcafe.com/blog/2015/03/10/addendum-to-are-they-going-to-say-this-is-fantasy/

Dundas, D. (22 de marzo de 2015). "Author Kazuo Ishiguro on The Buried Giant, fantasy and war". The Star. http://www.thestar.com/entertainment/books/2015/03/22/author-kazuo-ishuguro-on-the-buried-giant-fantasy-and-war.html


Nota:

La traducción de las citas es de mi autoría. No soy traductora profesional y no tengo formación alguna en el área ni certificaciones de inglés, por lo que se trata de una traducción informal y altamente falible (y muy, muy tiesa). Su inclusión en la entrada está para ayudar a la comprensión de los argumentos centrales a quienes no dominen lo suficiente este idioma. En cuanto al resto, se solicita consultar las fuentes originales, oportunamente enlazadas.

martes, 24 de febrero de 2015

Publicación de "Music Box" en The Best of Spanish Steampunk


Tengo el agrado de hacer pública mi participación en la antología The Best of Spanish Steampunk de Ediciones Nevsky con mi cuento “Caja de música” (traducido como “Music Box”).

La obra, como el nombre lo señala, pretende dar a conocer al mercado editorial anglosajón y las comunidades lectoras en inglés una selección de los mejores cuentos de steampunk en español recibidos en una convocatoria abierta por Nevsky el 2013. Por tal motivo, todos los cuentos elegidos fueron traducidos profesionalmente para integrar un ebook que pretende presentar a un nuevo público una muestra de lo que se está escribiendo actualmente desde esta estética en español.

La noticia de que mi cuento había sido elegido me llenó de alegría y entusiasmo, aunque al principio también me hizo sentirme ansiosa ante el proceso de edición. Mis escasas experiencias anteriores de publicación en editoriales habían sido nefastas. Afortunadamente, me encontré con que Ediciones Nevsky es una editorial profesional y apasionada en su labor. Por supuesto, alguien podría decirme que sólo digo eso para congraciarme ante el hecho de que hayan incluido uno de mis trabajos en su compilación, pero quienes me conocen saben que soy muy crítica y que no suelo frenar mis juicios, esté yo involucrada en los proyectos a evaluar o no. Por último, me limitaría a guardar silencio. Sin embargo, quisiera intentar explicar por qué, desde mi experiencia personal, tengo la voluntad de destacar la labor de Nevsky.

Comenzaré diciendo que Marian Womack, la editora con quien me contacté durante todo el proceso, fue muy amable conmigo, desde la respuesta a mis primeras consultas sobre mi admisibilidad como autora para participar hasta la confirmación de la publicación de la antología. ¡Incluso se nos envió una tiernísima postal de la editorial, de puño y letra, con un agradecimiento a los autores por nuestra participación! 

Lo anterior no sólo da cuenta del profesionalismo de una editorial, sino también del respeto y la empatía, expresadas en la buena voluntad de Marian. Al ser yo una chilena recién estableciéndose formalmente en el mercado laboral fijo, no tenía ni cuenta corriente ni cuenta Paypal propia donde depositar de manera directa el monto asignado en concepto de adelanto. Pero Marian se dedicó a discutir pacientemente conmigo distintas formas para asegurar el pago, hasta llegar a una solución óptima. El solo hecho de leer que un editor te confiese que le parecería injusto que perdieras gran parte del dinero en comisiones o que renunciaras a él por tantas dificultades, es algo que no sólo te renueva las esperanzas respecto al rubro editorial, sino también respecto a las propias personas involucradas en él.

Y claro, después uno investiga y descubre que Marian Womack también es una autora, preocupada por participar y difundir todo tipo de proyectos de literatura de imaginación (tanto en inglés como en español), y que Nevsky por sí misma es una editorial que desarrolla una arista interesantísima: literatura rusa contemporánea. Cuando realmente amas aquello en lo que trabajas, se nota. Y no sólo por la forma en la que te conduces en tus proyectos, sino también por la manera en la que tratas a quienes se vinculan a ellos, porque reconoces o intuyes que, a su modo, comparten tu amor.

Ahora, ¿qué fue lo que me motivó a intentar participar de un proyecto como The Best of the Spanish Steampunk, antes de que conociera su trabajo?

La verdad es que ya por entonces estaba hartándome del endogámico y enrarecido mundillo de la literatura fantástica chilena. Empecé, por tanto, a buscar nuevas alternativas en otros países, que pudieran brindarme una experiencia distinta de publicación. Ante todo, deseaba volver a involucrarme en una en que cada trabajado enviado pudiera ser evaluado por un comité editorial externo y competente, que contemplara su inclusión en la obra exclusivamente por sus méritos intrínsecos y por su adecuación a las bases, no porque los editores fueran amigos del autor o porque se necesitaran nombres adicionales para completar cierto número de páginas. Fue así como di con la noticia de la convocatoria de Nevsky y me animé a probar suerte.

Realmente se siente muy saber que personas que no te conocen y con las que jamás ha habido nexo alguno han elegido tu cuento para un proyecto tan interesante como éste. Eso significa que sólo se valoró el relato mismo. No operaron prejuicios —a favor o en contra— amparados en mi cercanía o lejanía respecto a comunidades o a nombres de relevancia en el sector (“contactos”), como suele suceder en Chile al momento de difundir o apreciar el trabajo de un autor. Que se hayan incluido además cuentos de autores procedentes otros países latinoamericanos como México o Venezuela, da cuenta también de las intenciones de Nevsky por no circunscribir únicamente a España la literatura de imaginación escrita en español. Esto, que parece una obviedad, no lo es tanto si se considera que buena parte de obras relevantes de steampunk escritas y difundidas en español circulan, efectivamente, por España. 

En este punto estimo conveniente referirme al steampunk presente en Chile y a mi relación con él. Ésta última es muy fácil de describir: nula. No me considero una experta en él, ni desde la teoría ni desde la escritura. “Caja de música” es el segundo relato que he escrito intentando acercarme a lo que conozco de esta estética, pero siempre desde una mirada que entronca con la Fantasía. Por supuesto, tengo algunas nociones básicas del steampunk como movimiento estético —estética literaria, se entiende—, pero no me atrevería a escribir formalmente sobre él, menos careciendo de una nutrida bibliografía de referencia, tanto de teoría como de ficción.

Por cierto que no formo parte de ninguna comunidad chilena dedicada al steampunk, ni me interesa. Tampoco me siento cercana a las obras que en mi país se consideran como representativas de este movimiento. ¿Por qué interesarme en el steampunk, entonces?

Como señalé antes, mi aproximación hacia este movimiento está mucho más cercana a los temas y visiones de la Fantasía que a la exploración de ucronías o reescrituras históricas, por ejemplo. Dentro de lo poco que conozco del steampunk, siento que algunas de sus características distintivas podrían abordarse perfectamente a través de la Fantasía, sobre todo cuando se la concibe como un modo antes que como un género estanco. Así fue como exploré y luego desarrollé la historia de “Music Box”, mi cuento antologado. 

En él, critico la precariedad del trabajo obrero producto de la industrialización y de una marcada brecha entre clases sociales, pero la insurrección planteada no tiene que ver con un motín de trabajadores ni alusiones contingentes y directas a nuestra propia sociedad, como podría esperarse. Es, simplemente, el acto secreto y desesperado de un niño simbólicamente automatizado de preservar y reconstruir una melodía hermosa que ha oído en sueños. Música, en un mundo de engranajes y usinas, de producción en masa y segregación social. Música, procedente de un mundo ya olvidado e irrecuperable, donde no importaba el dinero ni las apariencias, sino el arte y la belleza desnuda. La música. Fantasía.

El lema que han empleado los editores para describir el cuento alude al descubrimiento de un mundo distinto a la grisácea y conformista cotidianidad, que anula nuestro sentido y destino humanos. ¿No se asemeja esa premisa a la propia añoranza por Faërie? Algo de eso hay, sin duda, en el viaje interno de Knöpte, el protagonista, a través de sus sueños y sus divagaciones en la vigilia: el recuerdo tenue de un mundo perdido al que quizá se pueda acceder por la esperanza… o por el que al menos valga la pena sacrificarlo todo.

Éste es un tema que forma parte de mis obsesiones vitales como autora; revisitarlo a través de mi propia prosa traducida, con la distancia natural que esto supone, sería como contemplarse por primera vez en un espejo. Hay temor y ansiedad, pero también curiosidad y entusiasmo.

A veces me gusta pensar la literatura también como una forma de reencuentro a través el lenguaje, sobre todo considerando la existencia de múltiples idiomas en el mundo. Volver entendible una historia al reconstituirla con nuevas palabras me parece un hermoso y delicado trabajo por parte de un traductor literario profesional, y esta sola posibilidad me alegra mucho respecto a “Music Box”. ¿Cómo sonaré en inglés? ¿Cómo me leerán las personas que sólo leen en inglés? Gracias a esta iniciativa, mi historia conocerá lectores que jamás habrían llegado a mí de otra forma. Y yo misma, al disponer de un ejemplar digital de cortesía, podré conocer nuevos autores hispanoamericanos que no había podido leer hasta entonces por restricciones editoriales y económicas. 

Por lo anterior, quisiera agradecer al equipo de Nevsky y a todos los involucrados en el titánico proyecto The Best of Spanish Steampunk: la traducción y edición de 35 cuentos agrupados en seis apartados temáticos, 1 cuento introductorio de Félix J. Palma y 2 novelas breves, todo introducido por Diana Pho. Un arduo trabajo que por fin ahora podemos descubrir y valorar, como autores y lectores. Felicitaciones a todos… O, como se dice por allá, enhorabuena. 

Enlaces de interés

• Comprar The Best of Spanish Steampunk: en la web de Nevsky y en Amazon.

• Descripción de The Best of Spanish Steampunk.